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La convivencia salta por los aires en Israel

Los enfrentamientos entre judíos y árabes-israelíes en San Juan de Acre evidencian la falta de entendimiento entre ambas comunidades

Pere Maruny/ 14-10-08

La pacífica convivencia entre judíos y palestinos de la que tanto presumía la ciudad de San Juan de Acre, al norte de Israel, saltó hace cinco días por los aires, durante la noche de la celebración judía de Yom Kipur. En esta fecha tan señalada en el calendario hebreo, dedicada al ayuno y a la oración para expiar todas las culpas, Israel se paraliza por completo durante 25 horas, durante las cuales, entre otros impedimentos, la circulación queda vedada.

Taufic Jamal forma parte del tercio de los 45 mil habitantes de Acre que es árabe-israelí. Como musulmán, entendió que las restricciones del Yom Kipur no iban para él. Así que, entrada la noche, decidió coger el coche para recoger a su hija en uno de los barrios del este de la ciudad, de mayoría judía pero donde viven unas cuantas familias árabes. La respuesta a tal profanación por parte de un grupo de judíos extremistas fue apedrear el coche de Taufic. A los pocos minutos, la noticia había corrido como la pólvora por la ciudad vieja de Acre, donde vive la población árabe, y una multitud enardecida se lanzó a la calle en busca de venganza. Era el inicio de cinco noches de batalla campal entre judíos y palestinos en la otrora capital de la convivencia.

foto acra“Fue un auténtico pogromo contra los judíos, como durante la Alemania nazi”. Sarah Klein, nacida en Acre hace 64 años, relataba así cómo había vivido desde su casa los primeros enfrentamientos: “Cientos de árabes destrozaron todo lo que encontraron a su paso y nos amenazaban con matarnos, fue horrible”. La angustia de la señora Sarah Klein es comprensible. Pero de su boca no sale ningún comentario respecto a las bandas de jóvenes judíos que se dedicaron a prender fuego a las casas de sus vecinos árabes. Todo lo que tiene que decir de sus vecinos musulmanes es que “a partir de ahora ya no pienso ni saludarlos”.

Michael, cuidador de una sinagoga en el lugar de los hechos, también mostraba su visión: “Los judíos ya no vamos a quedarnos callados. A partir de ahora las cosas van a cambiar, se acabó el tener miedo de ir a pasear por la ciudad vieja de Acre. ¿Sabes qué pasa? Que los judíos ya sufrimos un Holocausto, y no dejaremos que esto ocurra otra vez. No en Israel”.

“Siempre han pasado cosas entre los árabes y nosotros”, dice Moshe, un joven mecánico que va camino de su casa atravesando el conflictivo barrio donde se han producido los altercados. “Los árabes dicen groserías a las chicas judías y esas cosas, pero ahora esto se ha descontrolado”. A la pregunta de si en el vecindario viven, como apuntan varios rumores, judíos radicales desalojados de las colonias de Gaza hace más  de dos años, Moshe responde: “Lo he oído, pero yo no les he visto. Yo no vivo en este barrio”.

El barrio en cuestión es una zona marginada de bloques de pisos degradados y gente pobre, un terreno favorable para el proselitismo radical de grupos religiosos ideológicamente muy bien organizados en torno al ultranacionalismo judío, como eran los antiguos habitantes de Gush Katif, uno de los asentamientos más importantes de la franja de Gaza.

Ya en la ciudad vieja, dentro de las murallas de la antigua fortaleza templaria, los palestinos ven las cosas de manera distinta. Para ellos, el ataque a Taufic Jamal fue la gota que colmó el vaso de una larga lista de desagravios. Kher Fody, primo de Taufic y músico de profesión, da su versión de los hechos: “Los judíos dicen que no respetamos su fiesta sagrada, pero hace poco terminó Ramadán y nadie les obligó a ellos a respetarnos en nuestro mes sagrado. Si ellos pueden comer y beber frente a nosotros durante Ramadán, ¿por qué no podemos ir nosotros en coche durante Yom Kipur?

Taufic Jamal llegó a ofrecer su cuello “para que las cosas vuelvan a ser como antes en Acre”. Tras mostrar su arrepentimiento y pedir perdón públicamente ante una comisión del parlamento israelí que investiga los hechos de Acre, fue arrestado. Los cargos, “herir sensibilidades religiosas”. El joven Estado de Israel aún no tiene muy clara la diferencia entre democracia y teocracia. 

Grupos de uniformados descansan por las esquinas de una ciudad con resaca. Durante los cinco días de enfrentamientos, doce familias árabes han visto como sus casas eran pasto de las llamas, atacadas por los judíos con bombas incendiarias, se han roto los cristales de decenas de coches y casas judías y un total de 37 árabes y 27 judíos han sido arrestados. En Acre, sin embargo, hay algo sobre lo que todos se ponen de acuerdo y que casi puede olerse en el ambiente: en esta ciudad ya nada va a ser como antes.

La primera víctima ha sido el esperado Festival  de Teatro que cada año por estas fechas se celebra en la ciudad, de vital importancia para la economía de las familias palestinas de la ciudad vieja. La avalancha de turistas que acuden a Acre con la excusa del festival durante la semana de vacaciones judías de Sukkot, tendrán este año que elegir un nuevo destino. Pero los hechos de Acre dejan tras de si una víctima aún más grave: la convivencia entre comunidades. Ya hay quien vaticina que la próxima Intifada la protagonizarán los árabes israelíes, un 20% de la población de Israel, ciudadanos de segunda en un estado que se declara judío. -galería de fotos-

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