ANÁLISIS
Israel cierra el círculo
Pere Maruny / 12-02-09
Tres son los resultados que más destacan de las elecciones generales realizadas en Israel hace dos días. El primero es el auge de la extrema derecha y la derecha más radical, claros vencedores de estos comicios. El segundo, la desintegración de la izquierda, incluso asumiendo que pueda catalogarse al Partido Laborista como de izquierdas. El tercero, y aunque pueda parecer una paradoja ante estos resultados, es la fragmentación de la sociedad israelí.
Los resultados de anteayer no sorprenden a nadie que viva en este país. En las urnas se ha materializado el sentir mayoritario de su población, cada día más escorada hacia la derecha. Los resultados electorales hablan por si solos. La suma de todos los partidos del llamado “bloque de derechas”, pese a las diferencias –a veces profundas- que hay entre ellos, suman una cómoda mayoría.
Tampoco sorprende el derrumbe de la izquierda, dividida entre la que se denomina a si misma como “sionista” y la que se considera “antisionista”.
La primera la conforma la izquierda oficial, representada por el laborismo. En la defensa de su concepto de sionismo, el líder laborista y ministro de defensa, Ehud Barak, ha liderado dos guerras en menos de tres años. Tribunales internacionales ya están estudiando numerosas denuncias por crímenes de guerra. En la defensa de su concepción del sionismo, además, los laboristas no ha dejado de participar en gobiernos que han proseguido la expansión de la colonización en Cisjordania. Atrapado entre su discurso izquierdista y su lealtad a un proyecto nacionalista cada vez más radical y excluyente, el laborismo ha perecido ahogado en sus propias contradicciones.
La denominada izquierda “antisionista” defiende planteamientos mucho más genuinamente de izquierdas. Electoralmente esta izquierda es insignificante en Israel. Socialmente, también.
Sobre la cuestión de la desintegración de la izquierda israelí son interesantes dos artículos publicados en el periódico israelí Haaretz. El primero lo firma Gideon Levi, probablemente la voz de la intelectualidad de izquierdas más comprometida y lúcida. En su artículo ( http://haaretz.com/hasen/ spages/1063597.html ), Levi certifica la muerte de la izquierda en Israel y pormenoriza sobre sus motivos. El segundo artículo, escrito por Israel Herel ( http://haaretz.com/hasen/ spages/1063511.html ), ex presidente del Consejo de Colonos y derechista reconocido, argumenta que la derrota de la izquierda israelí se debe al hecho de que ésta no se ha situado suficientemente a la derecha. Para Herel, la izquierda, personificada en Ehud Barak, ha fallado en no tener el suficiente coraje para “derrotar al terror” en Gaza. Esto es, la izquierda se ha hundido por no haber lanzado suficientes toneladas de explosivos ni el suficiente fósforo blanco sobre una población atrapada en la mayor cárcel al aire libre del mundo. El argumento puede sonar obsceno, pero obedece a la realidad. En Israel no caben las medias tintas. O se está claramente en contra de los principios que generan estas masacres, como lo está la minoritaria izquierda antisionista, o se está radicalmente a favor, como reclama la mayoría. No en vano la operación en Gaza fue apoyada por el 90% de los israelíes.
Contemplando los resultados de las últimas elecciones podría pensarse que Israel es una sociedad homogénea y cohesionada. La derecha arrasa, la izquierda se hunde. Sin embargo, la realidad no es tan meridiana. Entre el llamado bloque de la derecha hay concepciones antagónicas. La brecha entre laicos y religiosos se ha agrandado. El líder del partido ultra-ortodoxo sefardí Shas, el rabino Ovadia Yoseff, no dudó en calificar al líder ultraderechista Avigdor Lieberman, gran triunfador de las elecciones al situar a su partido Israel Beiteinu como tercera fuerza política del país, como “satanás”. Yoseff acusa a Lieberman de querer destruir las esencias del judaísmo, aprobando el consumo de carne de cerdo y permitiendo el matrimonio civil. No le falta razón a Yoseff: Lieberman es ultranacionalista judío y xenófobo, pero laico.
De lo que se desprende de lo comentado es que , descontando a una pequeña minoría, la sociedad israelí sólo está unida en una cosa: El odio a los árabes, que es como llaman a los palestinos, así como la deshumanización de todos ellos, otorgándoles una categoría de seres salvajes e incivilizados que solamente aprenden a base de palos. Y esta idea es la argamasa que moldea a esta sociedad y la mantiene unida. Sin ella, Israel está condenado al abismo.
Con las elecciones de febrero de 2009, Israel ha cerrado el círculo. El que en su día fue un país formado por refugiados de todo el mundo, por un pueblo perseguido por todos, y que hizo de un cierto socialismo –al menos de puertas para adentro- su seña de identidad, es hoy, 60 años después, un país que ha creado centenares de miles de refugiados, que persigue de manera implacable a sus enemigos y paradigma de la derecha más reaccionaria del mundo globalizado. Con estas credenciales, no ha de extrañar que Israel tenga los amigos que tiene.
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